Ciencia

Un estudio alemán demuestra que sustancias incumplen la ley europea contra la toxicidad química

Written by David Lobato

En nivel de incumplimiento de la normativa europea contra la toxicidad química (REACH) alcanza el treinta y dos por ciento entre las substancias más empleadas en Europa – los mil ochocientos catorce compuestos que tienen una producción superior a las mil toneladas al año-.

Conforme el Instituto Federal Alemán de Prevención del Peligro (BfR), el sesenta y uno por ciento de ellas tiene informes inapropiados sobe su toxicidad para los animales; el cuarenta por ciento sobre su capacidad de producir mutaciones; y el treinta y cuatro por ciento sobre sus efectos sobre la fecundidad.

En promedio, el treinta y dos por ciento de estas substancias de gran difusión no cumplen un test de calidad de los informes que en teoria deberian asegurar su seguridad, en todos y cada uno de ellos de los 8 primordiales supuestos de toxicidad.

Eso no desea decir que sean tóxicas. En verdad ciertas de estas substancias está en el mercado desde hace décadas sin efectos conocidos. No obstante, otras sí son candidatas de tener efectos dañinos. El alto incumplimiento desea decir que los informes publicados por los productores no alcanzan la calidad demandada por el reglamento REACH, dejando el juicio en suspenso.

En verdad, solo el treinta y uno por ciento de los dosieres, en promedio, da la talla. Sobre el sobrante treinta y siete por ciento se precisa un análisis más detallado para terminar si las substancias analizadas cumplen.

 

Resultados de una investigación

Los resultados son el ejemplo de 3 años de pormenorizada investigación del BfR, que presentó los resultados en un congreso en el mes de agosto en la ciudad de Berlín. El informe pasó inadvertido hasta el momento en que una alianza de asociación ambientalistas (el European Environmental Bureau-EEB) lo dio a conocer a múltiples medios europeos, entre ellos EL PERIÓDICO.

A lo largo de la presentación, los involucrados de la industria reaccionaron coléricamente, argumentando estos resultados se debían haber discutido con ellos ya antes de publicarlos, narra Dolores Romano, responsable de políticas de substancias químicas de EEB, que participó en la sesión.

Dados estos resultados, la pelota está en el tejado de la Agencia Química Europea (ECHA), a fin de que pida los informes adecuados a los productores. Mientras, los productos proseguirán en el mercado.

 

Registro de substancias

El REACH (Registro, evaluación, autorización y limitación de substancias químicas) fue adoptado en dos mil seis, tras años de duras negociaciones. En el mes de junio de dos mil dieciocho, se terminó el plazo a fin de que las compañías introdujesen en un registro dosieres con los resultados de las pruebas de toxicidad de sus productos.

El registro, que cuenta con más de treinta y dos.000 entradas, marcha conforme el principio de que “sin datos no hay mercado”. En otras palabras, las compañías consiguen el permiso de vender las substancias solo tras presentar el dosier.

La calidad de este informe es responsabilidad de las compañías, mas la Agencia Química Europea se hace cargo de monitorear una muestra de los informes. Cuando encuentra inconvenientes, entabla un largo intercambio con las compañías hasta lograr los informes adecuados.

El empleo del Bisfenol-A está limitado o bien aun se ha llegado a prohibirlo en ciertos casos, por servirnos de un ejemplo en el papel de los tiques del súper. El trióxido de cromo o bien los ftalatos se pueden emplear solo con una autorización singular, explica María Martínez, directiva técnica de ServiReach, una compañía de Sant Cugat del Vallès que asesora en la preparación de los dosieres.

La ECHA maneja un registro con una cuarentena de substancias que precisan autorización de empleo y prácticamente doscientos aspirantes a entrar en ese registro.

No obstante, la ECHA solo ha revisado mil setecientos ochenta dosieres hasta el momento, conforme datos de la agencia, hallando abundantes inconvenientes. Ya dos mil once un análisis independiente de una muestras de informes alertó sobre su calidad. “Es la primera vez que un estado miembro se molesta en mirar la situación de forma pormenorizada en todos y cada uno de los países”, observa Romano. “Es un análisis pormenorizado de una fuente muy relevante”, coincide Thomas Hartung, estudioso de la Universidad Johns Hopkins y coautor del estudio de dos mil once.

Resultados conflictivos

“El nivel de incumplimiento pone en cuestión la legislación”, comenta Hartung sobre los resultados. “Son resultados enormemente conflictivos”, coincide Christina Rudén, especialista en regulación de la toxicología de la Universidad de Estocolmo. El estudio ha analizado asimismo unas dos mil substancias con una producción inferior a las mil toneladas, hallando un nivel de cumplimiento del cuarenta y cuatro por ciento .

“Muchas empresas han compendiado sus dosieres por vez primera y bajo un plazo de entrega riguroso, pensando que hacían dosieres de calidad, conforme su experiencia. Una nueva legislación siempre y en toda circunstancia implica inconvenientes”, arguye un portavoz de CEFIC, el consejo de la industria química europea, que acepta que “tanto la industria como las autoridades ha de esmerarse más para acrecentar la calidad de los dosieres”.

“Hay un problema entre el impacto en la salud y unas pruebas que son muy concluyentes”, arguye Costanza Rovida, estudiosa de la Universidad de Constanza. Rovida calculó que cumplir con el REACH a rajatabla requeriría sacrificar cincuenta y cuatro millones de animales en los ensayos. Un dosier puede valer múltiples millones de euros, conforme Hartung. “Sin embargo, el REACH es indispensable: había demasiadas substancias que circulaban sin saber nada de ellas”, agrega.

Rudén se muestra menos comprensiva. “Creo que la ECHA debería anular el permiso a los dosieres de calidad inaceptable”, asevera, coincidiendo con la opinión de organizaciones como EEB.

Sin embargo, la agencia ha escogido otra vía. “La ECHA empleará los resultados del proyecto para priorizar las substancias investigadas en su acción reguladora”, asevera Tiiu Bräutigam, portavoz de la agencia. No obstante, asimismo alarma de que “si las compañías no cumplen con el REACH, es labor de los estados miembros hacer acciones represivas”.

“La resolución de hacer responsable a la industria de probar la seguridad de sus productos supone un enorme enfrentamiento de intereses”, comenta Rudén. Hartung ve la botella medio llena. “Ninguna otra zona del planeta ha analizado las substancias químicas como Europa. Es una enorme inversión en seguridad”, concluye.

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